jueves, 18 de abril de 2013

Volar juntos…

Recuerdo una vez, una señora. me decía: “Ya no soporto a mi marido”. No me reí en el momento, pero después de un rato de platicar, estábamos muertas de la risa. No sé si han leído Anna Karenina del escritor Ruso León Tolstói. En esta novela  conocemos entre otras, la historia de una mujer que se caso muy enamorada, tanto así que no se daba cuenta de todos los defectos que su esposo tenía. Conforme pasaba el tiempo, empezó a darse cuenta de detalles que ya no le gustaban tanto, llego al grado de caerle mal, de ya no soportarlo… pero ya no les cuento mas sobre esta historia, mejor lean el libro…
¡Cuantas Kareninas en este mundo! Y no es más que el enamoramiento tan bonito del noviazgo. Donde se da la hipocresía más tierna por ambas partes. Las novias tienden a idealizar a su hombre, aunque este sea un verdadero fantoche.  “Es tan cariñoso”, “me dice cosas tan bonitas”, “es que él me quiere tanto”, etc. Y cuantos hombres también, engañados, al final la verdad sale a flote y nos damos cuenta que no es nada agradable. Nos puede caer mal el esposo y para el esposo, puede ser insoportable el llegar a su casa después del trabajo y ver a su esposa con cara de pocos amigos.
Me viene a la mente la leyenda de los indios Sioux, donde dos jóvenes que se querían casar fueron a ver al gran brujo para pedirle alguna pócima para poder estar juntos hasta que Manitú los llamara; el viejo brujo, le pidió a ella que fuera a las montanas del norte y le trajera al halcón más hermoso que encontrara y a él le pidió que fuera a la montana del trueno y que trajera al águila mas bravía. Pasaron los días y los dos jóvenes regresaron con las aves solicitadas, pensando que se los comerían o beberían su sangre para que su amor tuviera la fuerza de estos hermosos animales, pero el brujo les pidió que los ataran de las patas entre si y los dejaran volar; las aves trataron de volar en muchas ocasiones, pero atados entre sí, era imposible; terminaron por darse de picotazos uno al otro hasta lastimarse. Eso puede pasarnos a las parejas porque queremos volar juntos “atados uno al otro”, en lugar de volar uno al lado de otro.
Los esposos a veces se sienten “esposados” a sus parejas y es porque uno quiere volar para un lado sin preguntarle al otro si está de acuerdo. Nos damos cuenta con el tiempo que no basta el amor y la pasión que puedan sentir el uno por el otro, ya que la rutina y los problemas de la vida diaria terminan con ellos. La clave está, creo yo, en la comunicación entre la pareja y en el apoyo mutuo. En aceptar sus debilidades y apoyarse en las fortalezas para resolver juntos las situaciones que se les presenten. Algo más que quiero agregar: no idealicen al ser amado, no somos perfectos, no existe el hombre perfecto ni tampoco la mujer perfecta, ni tampoco las relaciones perfectas.
Hay un dicho que dice: El hombre se casa pensando que su mujer nunca va a cambiar (que siempre será linda y atenta con él) y la mujer piensa que con su amor él va a cambiar (dejará de beber, será atento con ella, etc.) No existe un secreto que logre conseguir el amor hasta la muerte, las personas tendemos a complicarnos la vida y por ende nuestras relaciones, tan fácil que es llevarla bien.
No lo van a creer, no lo mencionan en las novelas y tampoco el brujo de los Sioux lo pudo decir, pero, encontré una pócima, la cual voy a compartir con mucho gusto. La receta dice así: confianza mutua, una dosis de libertad compartida, pequeños detalles y un poco de locura, esta última es al gusto. Todo lo anterior debe ser mezclado, obviamente, con mucho amor y respeto. Para que funcione debe tomarse a diario y cada vez que se ocupe, según las necesidades de cada pareja. Y así podrán volar juntos sin lastimarse mutuamente.

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