¡Cuantas Kareninas en este
mundo! Y no es más que el enamoramiento tan bonito del noviazgo. Donde se da la
hipocresía más tierna por ambas partes. Las novias tienden a idealizar a su
hombre, aunque este sea un verdadero fantoche. “Es tan cariñoso”, “me dice cosas tan bonitas”, “es que él me quiere tanto”, etc. Y
cuantos hombres también, engañados, al final la verdad sale a
flote y nos damos cuenta que no es nada agradable. Nos puede caer mal el esposo
y para el esposo, puede ser insoportable el llegar a su casa después del trabajo
y ver a su esposa con cara de pocos amigos.
Me viene a la mente la leyenda
de los indios Sioux, donde dos jóvenes que se querían casar fueron a ver al
gran brujo para pedirle alguna pócima para poder estar juntos hasta que Manitú
los llamara; el viejo brujo, le pidió a ella que fuera a las montanas del norte
y le trajera al halcón más hermoso que encontrara y a él le pidió que fuera a
la montana del trueno y que trajera al águila mas bravía. Pasaron los días y
los dos jóvenes regresaron con las aves solicitadas, pensando que se los
comerían o beberían su sangre para que su amor tuviera la fuerza de estos
hermosos animales, pero el brujo les pidió que los ataran de las patas entre si
y los dejaran volar; las aves trataron de volar en muchas ocasiones, pero
atados entre sí, era imposible; terminaron por darse de picotazos uno al otro
hasta lastimarse. Eso puede pasarnos a las parejas porque queremos volar juntos
“atados uno al otro”, en lugar de volar uno al lado de otro.
Los esposos a veces se
sienten “esposados” a sus parejas y es porque uno quiere volar para un lado sin
preguntarle al otro si está de acuerdo. Nos damos cuenta con el tiempo que no
basta el amor y la pasión que puedan sentir el uno por el otro, ya que la
rutina y los problemas de la vida diaria terminan con ellos. La clave está,
creo yo, en la comunicación entre la pareja y en el apoyo mutuo. En aceptar sus
debilidades y apoyarse en las fortalezas para resolver juntos las situaciones
que se les presenten. Algo más que quiero agregar: no idealicen al ser amado,
no somos perfectos, no existe el hombre perfecto ni tampoco la mujer perfecta,
ni tampoco las relaciones perfectas.
Hay un dicho que dice: El
hombre se casa pensando que su mujer nunca va a cambiar (que siempre será linda
y atenta con él) y la mujer piensa que con su amor él va a cambiar (dejará de
beber, será atento con ella, etc.) No existe un secreto que logre conseguir el
amor hasta la muerte, las personas tendemos a complicarnos la vida y por ende
nuestras relaciones, tan fácil que es llevarla bien.
No lo van a creer, no lo
mencionan en las novelas y tampoco el brujo de los Sioux lo pudo decir, pero,
encontré una pócima, la cual voy a compartir con mucho gusto. La receta dice
así: confianza mutua, una dosis de libertad compartida, pequeños detalles y un
poco de locura, esta última es al gusto. Todo lo anterior debe ser mezclado,
obviamente, con mucho amor y respeto. Para que funcione debe tomarse a diario y
cada vez que se ocupe, según las necesidades de cada pareja. Y así podrán volar
juntos sin lastimarse mutuamente.
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