Anteayer falleció un tío muy querido, hace un mes
aproximadamente el hijo de un buen amigo de mi esposo, hace pocos años mi mejor
amigo de la universidad, y así… muere gente querida… aun sabiendo que un día le
tocará decir adiós a alguien de nuestra familia cercana, no deja de doler y e
incluso dar miedo el pensar que perderemos a esa o esas personas que queremos
tanto.
Debería estar acostumbrada y ser un poco más fría al
respecto ya que he pasado por varias perdidas verdaderamente dolorosas,
empezando por mi padre, cuando solo tenía 8 años de edad, falleció en un
accidente automovilístico, eso marco mi vida en muchos aspectos. Mi abuelo
paterno había fallecido meses antes que mi papá y al poco tiempo también se fue
mi abuela paterna. Años después, no muchos, mis abuelos maternos también
dejaron de existir, de tal manera, que, antes de ser mayor de edad, solo tenía
a mi madre y hermano conmigo.
En alguna ocasión
tome un curso de calidad en el servicio y nos pidieron en una dinámica nos
imagináramos ir en un vuelo el cual estaba a punto de caer al vacío por fallas
técnicas, debíamos escribir una nota de despedida para nuestros seres queridos,
porque moriríamos en cuanto el avión se estrellara… recuerdo estar embarazada
de mi primera hija y sentí horrible pensar que pudiera morir en ese instante
sin llegar a conocerla, en la nota me despedí de ella, de mi esposo, de mi
madre y hermano, sintiendo en ese momento que me iría en paz por haberlos amado
tanto.
El hecho de saber que no veremos más a esa persona amada,
nos llena de tristeza, de vacío, incluso de rabia y sintiéndonos impotentes, renegamos y nos enojamos con Dios por llevarse a esa persona… Pasa el tiempo y
el dolor es cada vez menos, entonces es cuando terminamos por aceptar que así
debió ser, dejamos de pensar en el “hubiera”.
Soy muy llorona, a veces bromeo con mi familia, diciendo
que deberíamos poner una funeraria como negocio e incluirme en el paquete para acompañar
a los dolientes llorando. Les comento esto, porque soy malísima dando el pésame
en los funerales, en lugar de dar ánimos a los familiares, termino llorando con
ellos. Por eso no suelo ir a las capillas, aunque en la intimidad de ni casa
hago una oración por el descanso eterno de la persona que fallece y por la
familia para que su dolor sea menos.
Me considero una persona que sabe aceptar la muerte,
aunque me duela y llore, entiendo que lo mejor es dejar ir en paz al ser amado.
Otra cosa que también trato de hacer es, terminar el día orando por todos a los
que quiero, por los que están y por los que no… Pero sobre todo, con los que
están conmigo, el decirles que los quiero mucho y abrazarlos todos los días es
muy importante, por si un día se van, o me voy…
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No pretendo ofender a nadie, solo es mi forma de pensar...