jueves, 18 de abril de 2013

Los cambios necesarios

Se supone que, cuando nos movemos de un lugar a otro, es porque vamos a mejorar en calidad de vida… recuerdo cuando nos cambiamos de Monterrey a Peñasco, mi esposo casi me traía arrastrando, ¡literalmente! Estaba tan acostumbrada a la ciudad y a pesar de ser de aquí, para mi era como retroceder, además en Peñasco no había mucho a donde ir, hace 13 años, para llevar a los niños a pasear solo se tenía el parque del DIF. Obviamente tenemos el mar, pero sabemos bien, que tanto la salinidad del agua como los rayos de sol causan estragos físicos, sino dosificamos ese gusto.
En esa época muchas familias de otras partes de la república  incluso del vecino país, decidieron probar suerte y venir a “picar piedra”, como muchos solíamos decir en son de broma. En realidad fue más difícil de lo que pensamos… últimamente mi esposo me dijo: “fue como llegar a una isla desierta y tratar de sobrevivir”. A muchos les fue bien desde el principio, a otros nos costó un poco mas de trabajo y a otros definitivamente no les sonrió la suerte.
Puerto Peñasco ha sido un lugar al que visitan por sus hermosas playas, precioso lugar de contrastes, donde la arena de las dunas del desierto se confunde con la arena del mar, los atardeceres más bellos que he visto y con el clima completamente extremo aún para quienes deberíamos estar acostumbrados, nos parecen insoportables los meses de agosto y septiembre por las temperaturas de más de 40 grados.  
Hemos tenido épocas de bonanza, por ejemplo, cuando la pesca estaba en su apogeo… la mejor de todas: principios del 2000 cuando se le dio más apoyo al sector turístico. Pero también recuerdo las crisis de los ochenta y finales de los noventa, cuando familias enteras tuvieron que retirarse debido a su terrible situación.
En esta ocasión, mis queridos lectores, estoy triste, porque en aquella crisis de los ochenta, era apenas una niña, y ya me daba cuenta de lo que pasaba: las tienditas de abarrotes apenas con unas cuantas latas en sus estantes, la gente verdaderamente preocupada por cómo alimentar a sus hijitos, sobrevivían quienes eran empleados estatales o federales, pero los comerciantes sufrían por mantener a flote sus negocios… en estos últimos meses, después de casi 3 años de crisis me da miedo volver a vivir esa sensación de desasosiego… mis amigos se están retirando a otros lugares, aquí no se pueden quedar mas…
¿Qué podemos hacer para que mi puerto pueda tener fuentes de trabajo para los nativos y para los que vienen a “picar piedra”? Muchos dicen, si aguantamos el “piojo”, ya la hicimos… pero el “piojo” como le llaman a la época de veda ya tiene años y no se acaba… los edificios de proyectos prometedores, se quedaron como elefantes blancos….  Las autoridades y otras asociaciones, hacen todo tipo de esfuerzos por traer inversión y nuevos proyectos… créanme que a veces me desaniman las situaciones adversas, pero es ahí donde debemos encontrar las aéreas de oportunidad.
Hagan sus propuestas para reactivar la economía local y evitar que nuestro bello puerto se convierta en un pueblo fantasma… (continuará)

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