¿Porqué nos da miedo mostrar nuestra verdadera
personalidad? ¿Será temor a ser rechazados?
Quizás… probablemente sea eso, y preferimos mostrar una cara a la gente,
la cara de la moneda más conveniente o la que nos resulte más cómoda. Lo
curioso es, esa cara, la cual hemos ofrecido por tanto tiempo, pensamos que es
la adecuada y creemos que así estamos bien, pero no nos damos cuenta, hasta
donde podemos lastimar a los demás con
nuestra forma de ser.
A eso los psicólogos le llaman “Área de confort”, un
ejemplo claro de eso, es mi persona, prefiero estar en mi computadora,
trabajando, esa es mi área de confort, ahí nadie me ve. ¿Es necesario salir de
ese espacio? ¿Para qué? Es lo que nos preguntamos muchas veces, ¿para qué cambio?
mejor que cambien los demás. Así estoy bien, decía un amigo: “no voy a dejar de
fumar, de algo me tengo que morir”.
Tampoco es bueno estar cambiando nuestra forma de ser a
cada rato, imagínense, hoy estoy de humor para ser feliz, mañana estaré de
amargosa, pasado mañana seré la más simpática de las personas, el día que sigue
no hablare con nadie y así, cada día con una personalidad diferente.
Hace ya tiempo, leí un libro que se llama “Los juegos en que
participamos” de Eric Berne. En este libro, su autor, nos da a conocer las estrategias
secretas y los métodos inconscientes que usamos para conducir nuestra vida,
desde los juegos de estatus social, hasta juegos desastrosos de pareja, de
familia y amigos; son los juegos que decidimos jugar, donde mostramos nuestras
actitudes, y dichas actitudes reflejan sentimientos o emociones que sentimos,
pero que no nos atrevemos a demostrar.
¿Porqué no ser un poco más auténticos? imaginen si pudiésemos tener nuestra
personalidad, sin tabúes, sin tratar de aparentar, sin mascaras, sin miedos.
Con la firme convicción de ser una persona feliz y con
el afán de jugar un juego que también haga feliz a los demás. A fin de cuentas,
los adultos somos niños que un día crecimos, y no nos quisimos dar cuenta, y
seguimos jugando en la vida, juegos que nos están lastimando, y los niños ya no
quieren jugar juegos de niños, porque les resulta más fácil los juegos que ven
en las noticias, en las películas y hasta en la telenovelas…
No debe ser tan difícil, como dice la frase: “ir desentonando
con el mundo, saludando por la calle y sonriendo a cuanta persona se cruza por
tu camino”. Puede que los demás se unan y todos quieran jugar el mismo juego. No
puede ser tan complicado marcar la
diferencia, aunque nos tengamos que salir de nuestro sitio de confort. Si se
fijan todo cambio tiene su grado de dificultad, pero cuando es para bien, como
que nos parece algo imposible.
Les invito a jugar el juego del perdón, el de los
abrazos, el de la caridad, el de la moral, el de los valores, que por cierto,
este último ya casi no se juega. Por lo pronto yo me voy a jugar con mis hijos,
porque hace rato que no lo hago, como ven, tendré que salirme de mi área de
confort… pero les aseguro que es algo que disfruto mucho.
Y por último, aprovecho para decirles que, en lugar de
llenarnos de tristezas y nostalgias por los que ya no están físicamente con
nosotros y por lo que pudo haber sido y no fué. Nos demos a la tarea de mejorar
como personas y proponernos metas objetivas para el futuro. ¡Dios los bendiga hoy y
siempre!