¿Cuánto vale una promesa? Si
nos pusiéramos a pensar la de veces que hemos hecho una promesa: "Ya no vuelvo a
tomar"… "Te prometo que ahí estaré"… "No te
preocupes, yo lo hago"… "Ya no voy a trabajar tanto"… etc.
O nos convertimos en el hombre y la
mujer del mañana: "mañana te hablo", "mañana me levanto más temprano", "mañana si
hago ejercicio", "mañana empiezo la dieta"… y cuantas promesas hacemos a los demás
y a nosotros mismos.
Si les diéramos un valor en
dinero, con tantas promesas, ¡estaríamos endeudadísimos! A
quienes les prometemos, acaban por no creernos, al principio puede que te reclamen, pero más
tarde, simplemente ya no te creen. Por ejemplo, para nuestros hijos, una promesa es tan
importante. Y la deuda pesa más que cualquier deuda con el banco, incluso con
hacienda.
Y el problema no está en la
promesa, sino en la factibilidad de poderla cumplir, en el propósito de cumplirla,
pero sobre todo en la magnitud de la promesa, ya que no podemos comprometernos en
algo que no podemos cumplir.
Las promesas que no cumplimos,
les rompen el corazón a nuestros hijos, imagínense que la persona que mas aman
les rompe el corazón desde pequeñitos, ¿que expectativas pueden tener de la
vida? Que feo se siente el reclamo: ¡me
lo prometiste mamá!, ¡dijiste que vendrías papá! Pero, más feo vas a sentir cuando
ya no te reclame y solo te diga: ¡Ya no te creo! ¡Nunca me cumples!
No puedo generalizar, pero
sin ser psicóloga le voy a hacer al Freud, puedo decir que hay personas que
siendo adultos, siguen esperando que les cumplan una promesa. Incluso las
promesas de amor en las parejas y no es otra cosa más que la necesidad de creer
en quien nos promete. Y esas promesas rompen ilusiones y el corazón de quien
quiere creer. Así que cuando te digan que eres un (a) rompecorazones, no te
sientas alagado (a) más bien es una ofensa, porque te están diciendo MENTIROSO
(A).
Volviendo al punto, como
queremos que nuestros hijos cumplan sus promesas, si nosotros les enseñamos lo contrario, al no cumplir las nuestras. Necesitamos
creer en nosotros mismos primero, para poder hacer una promesa.
Pregúntate: ¿Que tanto te crees a ti mismo?, ¿Qué valor le das a tus promesas?, ¿Tienes deudas con tus hijos?... te recomiendo que empieces a pagar, ya de perdido abona algo… En el libro: El vencedor esta solo, de Paulo Coelho lo dice muy claro: “No existen las oportunidades únicas; la vida siempre te da otra chance”.
Pregúntate: ¿Que tanto te crees a ti mismo?, ¿Qué valor le das a tus promesas?, ¿Tienes deudas con tus hijos?... te recomiendo que empieces a pagar, ya de perdido abona algo… En el libro: El vencedor esta solo, de Paulo Coelho lo dice muy claro: “No existen las oportunidades únicas; la vida siempre te da otra chance”.
En lugar de prometer, porque
no aprovechas todas las oportunidades que tengas para sorprender a quienes
quieres, y tal vez, por qué no, el sorprendido, podrías ser tú…
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