jueves, 18 de abril de 2013

¿Cuánto valen las promesas?


¿Cuánto vale una promesa? Si nos pusiéramos a pensar la de veces que hemos hecho una promesa: "Ya no vuelvo a tomar"… "Te prometo que ahí estaré"…  "No te preocupes, yo lo hago"… "Ya no voy a trabajar tanto"… etc.
O nos convertimos en el hombre y la mujer del mañana: "mañana te hablo", "mañana me levanto más temprano", "mañana si hago ejercicio", "mañana empiezo la dieta"… y cuantas promesas hacemos a los demás y a nosotros mismos.
Si les diéramos un valor en dinero, con tantas promesas, ¡estaríamos endeudadísimos!  A  quienes les prometemos, acaban por no creernos,  al principio puede que te reclamen, pero más tarde, simplemente ya no te creen. Por ejemplo, para nuestros hijos, una promesa es tan importante. Y la deuda pesa más que cualquier deuda con el banco, incluso con hacienda.
Y el problema no está en la promesa, sino en la factibilidad de poderla cumplir, en el propósito de cumplirla, pero sobre todo en la magnitud de la promesa, ya que no podemos comprometernos en algo que no podemos cumplir.
Las promesas que no cumplimos, les rompen el corazón a nuestros hijos, imagínense que la persona que mas aman les rompe el corazón desde pequeñitos, ¿que expectativas pueden tener de la vida?  Que feo se siente el reclamo: ¡me lo prometiste mamá!, ¡dijiste que vendrías papá! Pero, más feo vas a sentir cuando ya no te reclame y solo te diga: ¡Ya no te creo! ¡Nunca me cumples!
No puedo generalizar, pero sin ser psicóloga le voy a hacer al Freud, puedo decir que hay personas que siendo adultos, siguen esperando que les cumplan una promesa. Incluso las promesas de amor en las parejas y no es otra cosa más que la necesidad de creer en quien nos promete. Y esas promesas rompen ilusiones y el corazón de quien quiere creer. Así que cuando te digan que eres un (a) rompecorazones, no te sientas alagado (a) más bien es una ofensa, porque te están diciendo MENTIROSO (A).
Volviendo al punto, como queremos que nuestros hijos cumplan sus promesas, si nosotros les enseñamos lo contrario,  al no cumplir las nuestras. Necesitamos creer en nosotros mismos primero, para poder hacer una promesa. 
Pregúntate: ¿Que tanto te crees a ti mismo?, ¿Qué valor le das a tus promesas?, ¿Tienes deudas con tus hijos?... te recomiendo que empieces a pagar, ya de perdido abona algo… En el libro: El vencedor esta solo, de Paulo Coelho lo dice muy claro: “No existen las oportunidades únicas; la vida siempre te da otra chance”.
En lugar de prometer, porque no aprovechas todas las oportunidades que tengas para sorprender a quienes quieres,  y tal vez, por qué no,  el sorprendido, podrías ser tú…

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