jueves, 18 de abril de 2013

Y tú a que juegas?

Todos tenemos una personalidad, lo que nos hace diferentes unos de otros. Algunas personas, suelen ser apáticas, otras casi siempre están de mal humor, algunas se la pasan sonriendo aunque tengan muchos problemas, otras lloran por cualquier cosa, otras prefieren estar siempre ocupadas ya sea en el trabajo o alguna otra distracción, como por ejemplo, estar de fiesta en fiesta, o metidos en la computadora, etc; pero todas utilizan alguna manera de ser como mecanismo de defensa, su escudo para no ser lastimados, incluso hay otros que prefieren herir a quien se supone “aman”, por ejemplo, aquellos que pasan la vida criticando a otros, sin dejar de mencionar a los que lastiman físicamente.
¿Porqué nos da miedo mostrar nuestra verdadera personalidad? ¿Será temor a ser rechazados?  Quizás… probablemente sea eso, y preferimos mostrar una cara a la gente, la cara de la moneda más conveniente o la que nos resulte más cómoda. Lo curioso es, esa cara, la cual hemos ofrecido por tanto tiempo, pensamos que es la adecuada y creemos que así estamos bien, pero no nos damos cuenta, hasta donde  podemos lastimar a los demás con nuestra forma de ser.
A eso los psicólogos le llaman “Área de confort”, un ejemplo claro de eso, es mi persona, prefiero estar en mi computadora, trabajando, esa es mi área de confort, ahí nadie me ve. ¿Es necesario salir de ese espacio? ¿Para qué? Es lo que nos preguntamos muchas veces, ¿para qué cambio? mejor que cambien los demás. Así estoy bien, decía un amigo: “no voy a dejar de fumar, de algo me tengo que morir”.
Tampoco es bueno estar cambiando nuestra forma de ser a cada rato, imagínense, hoy estoy de humor para ser feliz, mañana estaré de amargosa, pasado mañana seré la más simpática de las personas, el día que sigue no hablare con nadie y así, cada día con una personalidad diferente.
Hace ya tiempo, leí un libro que se llama “Los juegos en que participamos” de Eric Berne. En este libro, su autor, nos da a conocer las estrategias secretas y los métodos inconscientes que usamos para conducir nuestra vida, desde los juegos de estatus social, hasta juegos desastrosos de pareja, de familia y amigos; son los juegos que decidimos jugar, donde mostramos nuestras actitudes, y dichas actitudes reflejan sentimientos o emociones que sentimos, pero que no nos atrevemos a demostrar.
¿Porqué no ser un poco más auténticos?  imaginen si pudiésemos tener nuestra personalidad, sin tabúes, sin tratar de aparentar, sin mascaras, sin miedos. Con la firme convicción de ser una persona feliz  y  con el afán de jugar un juego que también haga feliz a los demás. A fin de cuentas, los adultos somos niños que un día crecimos, y no nos quisimos dar cuenta, y seguimos jugando en la vida, juegos que nos están lastimando, y los niños ya no quieren jugar juegos de niños, porque les resulta más fácil los juegos que ven en las noticias, en las películas y hasta en la telenovelas…
No debe ser tan difícil, como dice la frase: “ir desentonando con el mundo, saludando por la calle y sonriendo a cuanta persona se cruza por tu camino”. Puede que los demás se unan y todos quieran jugar el mismo juego. No puede ser tan complicado  marcar la diferencia, aunque nos tengamos que salir de nuestro sitio de confort. Si se fijan todo cambio tiene su grado de dificultad, pero cuando es para bien, como que nos parece algo imposible.
Les invito a jugar el juego del perdón, el de los abrazos, el de la caridad, el de la moral, el de los valores, que por cierto, este último ya casi no se juega. Por lo pronto yo me voy a jugar con mis hijos, porque hace rato que no lo hago, como ven, tendré que salirme de mi área de confort… pero les aseguro que es algo que disfruto mucho.
Y por último, aprovecho para decirles que, en lugar de llenarnos de tristezas y nostalgias por los que ya no están físicamente con nosotros y por lo que pudo haber sido y no fué. Nos demos a la tarea de mejorar como personas y proponernos metas objetivas para el futuro. ¡Dios los bendiga hoy y siempre!

Vivo con mis padres, pero estoy solo…

Dicen que la soledad en ocasiones es buena compañera, te ayuda a reflexionar, incluso algunos llegan a pensar que la soledad es la única que nos entiende y jamás cuestionará todo aquello que pensemos, también puede ser hasta tu cómplice cuando quieres darte algún gusto sin tener que compartirlo o a llorar a moco tendido al ver una película dramática y te da vergüenza que sepan que te gusta.
Pero qué pasa cuando la soledad no es por gusto, sino que desde que tienes uso de razón has estado solo. Las nuevas generaciones de niños, adolescentes e incluso adultos sufren en la actualidad de una soledad crónica. Porque no existe cosa más horrible que sentirte solo, estando rodeado de gente. Los niños, por ejemplo, van a la escuela por las mañanas, pero por la tarde están solos en sus casas. Por otro lado, con los adolescentes es menos factible que se sientan solos, porque se pueden “escapar” por así decirlo, con sus amigos de la escuela para hacer tareas o simplemente para acompañarse. Aunque también tiene mucho que ver la personalidad de cada individuo. Por ejemplo en los adultos, cuando no tienen pareja o aun teniéndola, se sumergen en el trabajo dejando muy poco o nada de tiempo libre para compartir o para conocer gente.
El crecer, sin haber conocido a nuestros padres, por muerte o por situaciones complicadas de divorcios, etc. Probablemente no sea tan malo como se pudiera pensar, ya que en ocasiones hay alguien que nos puede platicar sobre ellos, sus gustos y costumbres; y por lo general nos cuentan lo bueno de esa persona. Pero, vivir con tus padres y no compartir, y no conocerlos, debe ser frustrante. Los niños, nos ven como personas quejosas, siempre ocupados y cuando estamos en casa les hablamos solo para regañarlos por algo que hicieron o dejaron de hacer. “Es el colmo contigo, ¿que haces toda la tarde? ¡Mira tu cuarto! ¡Es un desastre! ¡Eres un flojo! ¿Y la tarea? ¿Como que no la hiciste? ¿A que no le entiendes?”... y más. ¿Alguien se sintió aludido?
Esos padres no hablan con sus hijos, es muy probable que ni los vean a los ojos. ¡Por Dios! ¿que imagen les estamos ofreciendo? Es de pensarse y de recapacitar. Si, es verdad, nos cansamos mucho, trabajamos demasiado pero debemos hacer ese espacio para ellos, te aseguro que la recompensa es enorme. Un hijo bien atendido en el aspecto emocional, es un individuo FELIZ y por lo tanto está motivado para hacer las cosas BIEN. La soledad de nuestros hijos HOY nos va a doler en el alma, en el mañana cuando ellos nos abandonen y no les va a doler dejarnos, aun cuando más los necesitemos. Una vez me dijeron que los errores que cometemos los padres con los hijos pequeños, los pagamos en su adolescencia.
Ponlo en tu agenda todos los días, como una cita con tu más importante cliente y tu pago serán sonrisas y besos, los mejores que más nadie te puede dar…

La pérdida de un ser querido

Me es muy fácil criticar a los infieles, hablar de los hijos y hasta de las manías que tenemos, pero hablar de la muerte de mis seres queridos es un tema que duele. Ustedes saben mis estimados lectores, si hay algo seguro en esta vida, es la muerte. La única seguridad como seres vivos, es que vamos a morir un día, ¿cuándo? es imposible predecirlo,  ni alguien que está pasando por alguna enfermedad terminal,  sabe con exactitud el día o la hora de su muerte.
Anteayer falleció un tío muy querido, hace un mes aproximadamente el hijo de un buen amigo de mi esposo, hace pocos años mi mejor amigo de la universidad, y así… muere gente querida… aun sabiendo que un día le tocará decir adiós a alguien de nuestra familia cercana, no deja de doler y e incluso dar miedo el pensar que perderemos a esa o esas personas que queremos tanto.
Debería estar acostumbrada y ser un poco más fría al respecto ya que he pasado por varias perdidas verdaderamente dolorosas, empezando por mi padre, cuando solo tenía 8 años de edad, falleció en un accidente automovilístico, eso marco mi vida en muchos aspectos. Mi abuelo paterno había fallecido meses antes que mi papá y al poco tiempo también se fue mi abuela paterna. Años después, no muchos, mis abuelos maternos también dejaron de existir, de tal manera, que, antes de ser mayor de edad, solo tenía a mi madre y hermano conmigo.
 En alguna ocasión tome un curso de calidad en el servicio y nos pidieron en una dinámica nos imagináramos ir en un vuelo el cual estaba a punto de caer al vacío por fallas técnicas, debíamos escribir una nota de despedida para nuestros seres queridos, porque moriríamos en cuanto el avión se estrellara… recuerdo estar embarazada de mi primera hija y sentí horrible pensar que pudiera morir en ese instante sin llegar a conocerla, en la nota me despedí de ella, de mi esposo, de mi madre y hermano, sintiendo en ese momento que me iría en paz por haberlos amado tanto.
El hecho de saber que no veremos más a esa persona amada, nos llena de tristeza, de vacío, incluso de rabia y sintiéndonos impotentes, renegamos y nos enojamos con Dios por llevarse a esa persona… Pasa el tiempo y el dolor es cada vez menos, entonces es cuando terminamos por aceptar que así debió ser, dejamos de pensar en el “hubiera”.
Soy muy llorona, a veces bromeo con mi familia, diciendo que deberíamos poner una funeraria como negocio e incluirme en el paquete para acompañar a los dolientes llorando. Les comento esto, porque soy malísima dando el pésame en los funerales, en lugar de dar ánimos a los familiares, termino llorando con ellos. Por eso no suelo ir a las capillas, aunque en la intimidad de ni casa hago una oración por el descanso eterno de la persona que fallece y por la familia para que su dolor sea menos.
Me considero una persona que sabe aceptar la muerte, aunque me duela y llore, entiendo que lo mejor es dejar ir en paz al ser amado. Otra cosa que también trato de hacer es, terminar el día orando por todos a los que quiero, por los que están y por los que no… Pero sobre todo, con los que están conmigo, el decirles que los quiero mucho y abrazarlos todos los días es muy importante, por si un día se van, o me voy…

La fuga…

Si, lloro,
pero es por ti,
porque en todos estos años,
no logré ser lo que soñaste.
Nos atrapó la rutina,
cerramos la puerta a lo espontaneo,
a la locura.
Dejamos de soñar
por concretar,
y las metas no siempre se lograron
y por eso nos frustramos.
Nos volvimos fríos
y nos empezamos a secar…
Nos dejamos de ver…
Tu, solo querías comprensión
Yo, un abrazo, una palabra
faltaron las caricias
y nos dormimos sin hablar                              
pensando en los pendientes de mañana,
de un mañana monótono, aburrido
y dejamos que el corazón sufriera, en soledad.
Y la mente se fue, por ahí… se fugó con la agenda.

Los infieles…

Cuando pensé en escribir sobre la infidelidad, me dije: ¡los voy a hacer pedazos!… pero en realidad ha sido difícil, pensar en comenzar con la primera frase. Para mí en lo particular es un tema complicado, lo es, porque no acepto, bajo ninguna circunstancia la infidelidad… nadie se merece ser engañado, independientemente como se porten con nosotros, creo que existen otras maneras de resolver situaciones de pareja.
Hace años era “normal” que un hombre tuviera una aventura, o dos, o mas; hoy en día, después de la tan famosa liberación femenina, como que también nos hemos liberado en ese aspecto.
Tengo la cabeza revuelta con ideas respecto a los infieles, me imagino una pareja “estable”, dos hijos adolescentes, el esposo, un profesionista con una reputación intachable, la esposa hace años que acordó con su esposo quedarse en casa para atender a sus hijos y las cosas de la casa, ya tienen toda su vida organizada, las cuentas se pagan, ella tiene programado cada mes el spa para darse un gustito, todos los días va al zumba, el esposo se va a trabajar desde temprano, los hijos en la secundaria y en la preparatoria respectivamente, pero una mañana no hubo clases de zumba, la instructora amaneció  con gripe, sus amigas la invitan a tomar un café, pero ella decide regresar a casa para adelantar los quehaceres  diarios.
Al entrar a su casa, escucha ruidos en la recamara y piensa que su esposo olvido apagar el televisor, pero, ¡oh sorpresa!, su esposo esta con otra mujer, ¡en su propia cama! Pareciera que les estoy relatando la novela de la noche, y hasta me causa un poco de risa, pero creo que a muchas mujeres les ha pasado algo parecido. O también porque no, algún hombre que regreso de su trabajo, porque olvido algún papel y resulta que es su esposa, quien lo engaña con alguien más.
Tal vez puedan pensar que no estoy en onda al no aceptar la infidelidad, ya que hoy en día es una situación tan común, tal es el caso de las parejas que lo consienten o  que lo practican como deporte, me imagino que han escuchado hablar de los "swingers", ¿que padre no? Compartir a las parejas y disfrutar de los placeres sin tabúes, sin freno. O también aquellas que prefieren aguantar las infidelidades para no perder el estatus económico al que se está acostumbrado o los que tienen miedo a la soledad.
Pero, ¿porque no disfrutar a su pareja? Disfrutar del sexo, juntos; encontrar diferentes maneras de complacerse mutuamente. Creo yo, que el principal problema de los infieles, es que no saben que es el placer y por eso lo buscan aquí y allá.
Le decía a una amiga que un hombre que tiene muchas amantes, es porque está tratando de demostrar su hombría desesperadamente, porque tal vez no es tan hombre como cree. Como el dicho aquel: “dime lo que presumes y te diré de lo que careces”. En mi opinión, un hombre de verdad, es aquel que satisface en todos los sentidos a su mujer, si, en todos.
Lo cierto es que nos perdemos el respeto, nos mentimos a nosotros mismos y por lo tanto a quienes nos rodean. Acabamos con las ilusiones de la pareja, de los hijos. Porque no solo se es infiel con la esposa o esposo, se es infiel con uno mismo, con nuestros hijos, con nuestros padres.
En una ocasión me comentaron que el matrimonio es como estar en un restaurant, ya ordenaste un platillo y cuando lo pruebas, esta delicioso, pero siempre piensas si está mejor el que esta degustando el de la mesa de enseguida. ¡Qué tontería!
Disfruten a sus parejas, entréguense completos (as) y cuando crean que es tiempo de voltear hacia otro lado, piénsenlo dos veces, tal vez eso que está del otro lado no es lo mejor, tal vez no han observado a detalle lo que tienen, o quizás estén perdiendo el tiempo buscando en otra parte lo que no se atreven encontrar con su pareja.

Volar juntos…

Recuerdo una vez, una señora. me decía: “Ya no soporto a mi marido”. No me reí en el momento, pero después de un rato de platicar, estábamos muertas de la risa. No sé si han leído Anna Karenina del escritor Ruso León Tolstói. En esta novela  conocemos entre otras, la historia de una mujer que se caso muy enamorada, tanto así que no se daba cuenta de todos los defectos que su esposo tenía. Conforme pasaba el tiempo, empezó a darse cuenta de detalles que ya no le gustaban tanto, llego al grado de caerle mal, de ya no soportarlo… pero ya no les cuento mas sobre esta historia, mejor lean el libro…
¡Cuantas Kareninas en este mundo! Y no es más que el enamoramiento tan bonito del noviazgo. Donde se da la hipocresía más tierna por ambas partes. Las novias tienden a idealizar a su hombre, aunque este sea un verdadero fantoche.  “Es tan cariñoso”, “me dice cosas tan bonitas”, “es que él me quiere tanto”, etc. Y cuantos hombres también, engañados, al final la verdad sale a flote y nos damos cuenta que no es nada agradable. Nos puede caer mal el esposo y para el esposo, puede ser insoportable el llegar a su casa después del trabajo y ver a su esposa con cara de pocos amigos.
Me viene a la mente la leyenda de los indios Sioux, donde dos jóvenes que se querían casar fueron a ver al gran brujo para pedirle alguna pócima para poder estar juntos hasta que Manitú los llamara; el viejo brujo, le pidió a ella que fuera a las montanas del norte y le trajera al halcón más hermoso que encontrara y a él le pidió que fuera a la montana del trueno y que trajera al águila mas bravía. Pasaron los días y los dos jóvenes regresaron con las aves solicitadas, pensando que se los comerían o beberían su sangre para que su amor tuviera la fuerza de estos hermosos animales, pero el brujo les pidió que los ataran de las patas entre si y los dejaran volar; las aves trataron de volar en muchas ocasiones, pero atados entre sí, era imposible; terminaron por darse de picotazos uno al otro hasta lastimarse. Eso puede pasarnos a las parejas porque queremos volar juntos “atados uno al otro”, en lugar de volar uno al lado de otro.
Los esposos a veces se sienten “esposados” a sus parejas y es porque uno quiere volar para un lado sin preguntarle al otro si está de acuerdo. Nos damos cuenta con el tiempo que no basta el amor y la pasión que puedan sentir el uno por el otro, ya que la rutina y los problemas de la vida diaria terminan con ellos. La clave está, creo yo, en la comunicación entre la pareja y en el apoyo mutuo. En aceptar sus debilidades y apoyarse en las fortalezas para resolver juntos las situaciones que se les presenten. Algo más que quiero agregar: no idealicen al ser amado, no somos perfectos, no existe el hombre perfecto ni tampoco la mujer perfecta, ni tampoco las relaciones perfectas.
Hay un dicho que dice: El hombre se casa pensando que su mujer nunca va a cambiar (que siempre será linda y atenta con él) y la mujer piensa que con su amor él va a cambiar (dejará de beber, será atento con ella, etc.) No existe un secreto que logre conseguir el amor hasta la muerte, las personas tendemos a complicarnos la vida y por ende nuestras relaciones, tan fácil que es llevarla bien.
No lo van a creer, no lo mencionan en las novelas y tampoco el brujo de los Sioux lo pudo decir, pero, encontré una pócima, la cual voy a compartir con mucho gusto. La receta dice así: confianza mutua, una dosis de libertad compartida, pequeños detalles y un poco de locura, esta última es al gusto. Todo lo anterior debe ser mezclado, obviamente, con mucho amor y respeto. Para que funcione debe tomarse a diario y cada vez que se ocupe, según las necesidades de cada pareja. Y así podrán volar juntos sin lastimarse mutuamente.

El mejor lugar para vivir

Mientras leía una revista, me encontré con una investigación sobre cuál es el mejor lugar para vivir, y veo que Vancouver encabeza la lista por quinta ocasión como la mejor ciudad en el mundo, su bajo índice de criminalidad y fluidez en el transporte influyen para que la gente que vive ahí o la ha visitado siga votando a favor. La siguen lugares como Melbourne, Australia y Viena, Austria. Curiosamente la lista continúa con ciudades tanto de Australia como de Canadá. Europa y Estados Unidos están en  la lista con números muy lejanos de ser los primeros, por ejemplo: Londres y Nueva York están en los lugares 53 y 56 respectivamente. La gente comenta que esas ciudades son caóticas además de tener claras diferencias económicas en su población.
¿Y para ustedes cual sería el mejor lugar para vivir?, ¿Cambiarían este puerto por otro?, ¿volarían hasta encontrar un lugar mejor para ustedes y sus familias?, ¿creen que este es el mejor o el peor lugar para vivir?
 Desde chica pensé que viviría en una gran ciudad, llena de autos, edificios, personas de diferentes culturas, lugares interesantes como museos y galerías para visitar… me ha tocado vivir en cuatro ciudades, tal vez no sean las más grandes del mundo pero si muy interesantes y hermosas. No puedo decir que me arrepiento de estar actualmente viviendo en este pequeño pueblo que me vio crecer y al que después regresé no muy convencida, ya que me había adaptado a la vida citadina. Extraño mucho la vida de la ciudad, ya que todo lo que uno necesita lo tiene al alcance de la mano. Y es por eso y por muchos otros aspectos que cuando se toma la decisión de vivir en un pueblo se critican  las carencias de servicios e incluso aspectos ideológicos de la gente de pueblo, pero  no podemos pedirle a una persona que nunca ha salido de su entorno, cambie de repente sus costumbres, para agrado de los nuevos pobladores. Hay un dicho muy viejo que dice: “al país al que fueres haced lo que vieres”.
Recuerdo cuando las playas de este puerto, no tenían ningún edificio, solo arena y mar, esas caminatas por la playa con una sensación de soledad apacible y el viento que traía la brisa fresca de esas tardes calientes de verano, cuando aprendí a nadar tratando de domar las olas, el diario caminar de la escuela a casa y desde antes de llegar a esta, ya me llegaba el olor de las entomatadas de mi abuela… eso era lo máximo en mi niñez. Ahora lo recuerdo como si acabara de pasar. Lo anterior puede que a algunos les llame la atención solo como un tiempo de relax, pero no para vivirlo por el resto de sus vidas. Tal vez el ruido de los autos, el murmullo de la gente por las calles, las sirenas de las ambulancias, les provoque esa sensación de paz que a mí me la da el mar, es cuestión de gustos y de costumbres.
La diferencia es clara entre un pueblo y una ciudad,  ambos tienen sus pros y sus contras. En una ciudad hay mucho tráfico, para llegar a las escuelas y trabajos por las mañanas, los citadinos suelen madrugar mucho más que en un pueblo y ni hablar de la inseguridad, obviamente, debido al tamaño de la población en estadísticas es mucho mayor que en un pueblo. En cuanto al clima, hay lugares con las cuatro estaciones bien marcadas pero también hay otras donde llueve casi todo el año. 
Nuestro puerto es bello, lleno de riquezas naturales que no se pueden apreciar en otra parte, los atardeceres, el mar unido al desierto, las noches de luna, creo que ya me puse romántica… Lo que trato de decirles es que el cambiar de residencia de un lugar a otro, tiene su tiempo de adaptación y habrá uno que otro inconforme que no se termine de convencer, lo que debemos de hacer es quejarnos y criticar menos, ver el lado positivo o buscar opciones para mejorar el entorno en la medida de nuestras posibilidades.
El mejor lugar para vivir es donde estoy actualmente, porque trato de aprovecharlo al máximo, y cuando ya no lo sea más, lo extrañaré mucho y trataré de regresar siempre que me sea posible. No existe el lugar perfecto para todos, pero tal vez somos perfectos para algún lugar.