martes, 1 de mayo de 2012

Las mujeres invisibles.

¡Me resisto a ser invisible! Esa fue mi respuesta después de haber visto un vídeo que me compartieron en una red social. En dicho vídeo habla una mujer sobre como la hacían sentirse invisible en su casa. Y Ud. señora, ¿alguna vez se ha sentido invisible?
La mujer comentaba, cuando les pedía a sus hijos que recogieran su cuarto; y estos, ni siquiera volteaban a verla, seguían en sus actividades. La mujer terminaba por limpiar el cuarto ella misma, para evitar discusiones y rabietas de los hijos. La misma mujer, platicó, que una de sus amigas fue a Europa y le trajo un libro de regalo. Un libro sobre las principales catedrales europeas. Al hojear el libro se percató de los edificios hermosamente construidos, los altares, los vitrales, bóvedas, lozas con finos acabados; y todas o al menos la gran mayoría de las catedrales, eran de un constructor/diseñador “desconocido”.
Fue entonces que ella pensó, “yo soy ese autor desconocido!”  “porque estoy construyendo algo que tal vez no vea terminado, pero lo importante es que lo verán otros, pero sobre todo, lo verá Dios”. Y seguía diciendo: “las madres y esposas que nos volvemos invisibles, no somos invisibles ante Dios”. Bueno, esto último es verdad. Pero qué manera tan, (como lo digo para no ofender a esa señora), ¡mediocre de pensar!
Me hizo recordar las películas de Sara García, Marga López y Amparo Ribelles. Hacían papeles de mujeres sumisas, amas de casa sufridas y abnegadas por el esposo autoritario y los hijos, unos ingratos.
Las mujeres de hoy, debemos luchar contra esa invisibilidad que nos da la rutina, en nuestras relaciones con nuestros esposos e hijos y no porque necesitemos el reconocimiento de nadie. Por el amor de Dios, ¡no estamos construyendo catedrales! Se trata de la familia, nuestra familia, estamos formando a nuestros hijos y si no les enseñamos a respetar, simplemente a ver  a su madre y padre,  entonces estamos fallando como tales.
Es por eso que me resisto a ser invisible, cada vez que es necesario, es preciso que pongan atención, que se valore lo que se tiene. Les aseguro que muchas personas darían lo que fuera por volver a ver a su mamá o a su papá.
Recuerdan la película: “Un día sin mexicanos”, ¿que tal un día sin mamá? Sin comida caliente en la mesa, sin ropa limpia en los cajones, sin ese abrazo por las mañanas antes de ir a la escuela, sin esas palabras de aliento, cuando más las necesitamos.
Esta ultima vez que mi madre se enfermo, me puse a pensar en eso, ¿que haría sin ella? ella ha sido invisible muchos años. Las mujeres que sufren de invisibilidad crónica es muy difícil que quieran que las vean, pero nunca es tarde para enseñarles como ser vistas, su presencia, es indispensable. Dejemos de ser hijos ingratos y pongamos más atención a nuestras progenitoras, ellas merecen todos los reconocimientos, no debemos esperar a que sea su cumpleaños o el dichoso día de las madres, esa es otra manera mediocre de pensar. Todo el año invisible y como magia, aparece de repente para darle un electrodoméstico, es de verdad  triste.
Que tal un abrazo diario, o mejor aún, como receta de doctor, tres veces al día. A las mamás nos gusta que nos abracen y para los que ya no viven con ellas, una llamada por las mañanas, preguntando como amanecieron y deseándoles un bien día, les aseguro que es lo máximo para ellas. Y para aquellos hijos que por desgracia sus mamas ya se adelantaron en el camino, nunca las olviden, que no se vuelvan invisibles en sus recuerdos. 

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No pretendo ofender a nadie, solo es mi forma de pensar...